"De esto quiero hablar. De una historia imposible porque no hay amor. Historia de amor sin amor. Me apresuro. Hay amor. Hay amor de la misma manera en que recién salí a la noche y dije: hay viento. No es una historia sin amor. Más bien habría que hablar de los sustitutos"
Alejandra Pizarnik
Siempre que pienso en el amor termino pensando en mi eterno no querer. La historia que terminó rompiéndome por completo y que nunca llegó a existir en mí de la manera que lo hizo en el otro lado. Un amor que no fue a pesar de que nos quisimos tanto. Historia de amor que no tiene nombre ni persona, o que ya no importa, y es la única manera posible que he encontrado para querer.
Mi cuerpo después de tí: pura sequedad y crujir, puro pensamiento perdido.
.. no fui nada sino el reflejo de su esfuerzo por quererme. No era amor, no es amor. La impaciencia por tenernos cerca siempre, por tenernos adentro siempre, eso. Ya está, no hablo más. Pero no se puede olvidar mis restos que se esfuerzan, que me hacen entender que todavía sienten.
. . . . . . . . . .
{Del amor y el desamor no entendemos nada, salvo la angustia que produce}
Después de haber no querido tanto tuvo que aprender que al amor se sucumbe de una manera que no podemos explicarnos. Todos hemos causado heridas, todos las llevamos puestas pero hay que aprender a andar así. No con tristeza, no con renuncia y desesperanza sino con percepción, precisamente. Sintió de repente como no había sentido nada nunca. El amor es tacto, piel, contacto. El amor era el olor que ella traía.
Volvió a la vida y a la muerte al mismo tiempo y sin darse cuenta. Volvió a amar, cortísimamente.
"El amor es la agonía va consumiendo despacio.
... Y al corazón de quien ama, le va faltando un pedazo.
Como una luna menguante que se durmió entre sus brazos"
Faltando un pedazo
Ana Belén
martes, 20 de septiembre de 2011
jueves, 15 de septiembre de 2011
a juli, que tanto bien me ha hecho.
el lunes se le partió una muela. era una caries, él lo sabía. los dulces y las chocolatinas no habían sido en vano. se miró al espejo y vio el pequeño hueco en una muela superior que no era muy notoria. no obstante, ese hueco fue para él el presagio de que algo iba a salir mal. de que se caería en un hueco, de que el carro se vararía, de que al pasar por el parque alguien lo iba a asustar.
a las 2pm la encontró. igual que siempre, con el mismo lunar, con la misma sonrisa. se sentaron a tomar jugo en una banca. hablaron. los dos tenían el pelo más largo y muchas palabras atoradas. se reían torpemente y a veces callaban. a fin de cuentas, quedarse en silencio también era estar en companía. y se sorprendió de sentir que el silencio que tanto le había costado años atrás, ya no le incomodaba, se sentía a gusto. en silencio podía escuchar su respiración fuerte, intentaba seguir el trayecto de su mirada, el lugar de su cabeza, la razón de una sonrisa a medias.
para él, ese silencio no era molesto, pero no estaba seguro si para ella lo seguía siendo. con ella no se tenían certezas. nunca las hubo y nunca las habrá. era como un abismo que aunque se sabe que hay al fondo, no se sabe qué tan hondo puede ser. así se sentía él con ella: en un mundo donde había cabida para la psicodelia, para las vacas moradas, para los edificios flotantes. para las pastillas y los ácidos. para los encuentros casuales y los besos furtivos. para los parques en la mitad de la ciudad y las calles en reparación que no los dejaban caminar tranquilos. y todo estaba lleno de colores, de arco iris, de rojos y amarillos y morados. era una lluvia multicolor, las fachadas tenían el rastro de su paso, el disparo de las bombas verdes, grises, azules.
así se sentía con ella. pero la muela le empezó a doler. las caries también son de colores: una mancha oscura sobre una superficie blanca. ¿qué más colorido que eso? ¿que mayor contraste que los dos colores opuestos? entonces, aún en la banca del parque, mientras tomaba jugo, se le empezaron a confundir los dolores: el dolor en su boca, el dolor de los colores de ella, el dolor de su sonrisa, el dolor de tomar jugo, el dolor del parque, el dolor de no estar.
ella habló de un libro que compró en parís, de la bicicleta que se le había dañado, del abuelo que cobraba la pensión ese día y del cielo que ya no era tan azul como antes. mientras ella decía todo eso, él sentía el dolor de la lejanía, el abismo insondable que los atravesaba. el aire se le escapaba... y ella lo tenía todo. sabía que ella podía renunciar a respirar y aun así le quedaría aire.
el aire que él no tenía y que le hacía doler la muela y los colores. ese aire que siempre le había faltado y que ahora con ella al lado le era tan esquivo. el silencio tiene mucho aire. pero todo ese aire no era para él.
se escuchó a sí mismo repetir las mismas palabras gastadas, reírse de los mismos chistes viejos, cruzar la pierna siempre de la misma forma. se vio a sí mismo asfixiado. le dolió la muela como nunca y entonces se paró. le dijo a ella que volvería en un rato que necesitaba caminar y ella, que no se fijaba mucho si estaba con alguien o no, porque a fin de cuentas seguiría en su mundo de ríos que atravesaban la ciudad y puertos marítimos donde se embarcaban lanchas que iban a encallar después en una playa rocosa, le dijo que volviera cuando quisiera. que a lo mejor a la próxima ya sería tarde, pero que se fuera. a lo mejor ella ya no estaría ahí.
él se fue. se puso la mano en la quijada para reprimir el dolor de su boca y patió una lata gris que había en el asfalto. se fue y la semana fue una mierda.
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