no sé cuántas veces pasará pero en este momento de verdad creo que a una de la cosas que hay que apostarle ahora que somos (y estamos) jóvenes es al amor.
hay que apostarle, jugarle, creerle. hay que botar los dados y entender que con cualquier cara vamos a ganar. que a los 23 más que pérdida todas son ganancias y que los sueños, las metas, los planes deben trazarse por lo que el corazón dicte.
hay que creer de verdad que ésta es la edad propicia para empezar proyectos cuya base sea el amor: hay que emprender viajes en compañia de alguien querido o hay que ir a buscarlo. a los 23, sinceramente, creo que se puede renunciar a lo que se tiene (que no creo que sea mucho) de forma individual para comenzar proyectos colectivos: pequeñas empresas, el viaje prometido, la relación ignorada...
al amor hay que volver siempre, por muchos tropiezos y cicatrices que queden. a fin de cuentas el amor no es culpable de nuestras torpezas y de nuestra incapacidad para ser inconsecuentes. a veces tendremos que matarlo, es claro, pero cada vez que vuelva a renacer, tendremos que lanzar los dados de nuevo y volver a creer.
viernes, 28 de enero de 2011
domingo, 9 de enero de 2011
martes, 4 de enero de 2011
Hoy me pidieron que les mostrara lo que tengo escrito. Busqué y busqué y no encontré sino fragmentos.
Nada a parte de pequeñas cosas.
Tengo montones de archivos todos iguales, todos hojas blancas con alguna frase en algún lugar que a veces suena bonito y otras veces sólo cumple con la función de estar escrita.
Digo que escribo, pienso que escribo, imagino que escribo y creo que podría escribir bien pero no hay sino pedacitos.
Todo es mentira.
Yo no escribo y eso es triste porque significa que yo no hablo conmigo.
Lo que sí se hacer bien es contemplar. Soy experta en el arte de leer en silencio. Horas y días enteros contemplando y fundiendome en deseo. Dejo que otros pongan las palabras mientras yo pongo los ojos y el temblor de piernas.
No sé si soy así en todo. Creo que tengo cosas por decir pero se me van los momentos y los espacios y al final no hay nada. (algo que tocar) . Estoy cansada de pasar los días pensando en ser otras cosas. Tantos miles de conversaciones con nadie. Con personajes que yo misma invento, me la paso el día y la noche hablando con ellos y viviendo cosas que no existen. Me apropio de los demás, de sus cuentos y experiencias. Pero fíjate cómo sigo aquí sentada.
Tengo que hacer algo de mí, y tengo que hacerlo rápido porque no quiero enfrentar más preguntas con las manos vacías. He de tener un proyecto, un camino, un rumbo. Tengo que ser alguien.
Algo completo y no sólo palabras sueltas.
Ahora que sé que no se puede decir que escribo y que tampoco se puede decir que me interesan algunos temas que digo que me interesan y de los cuáles no sé nada, ahora que sé que no se puede decir nada de mí que no esté mal dicho e incompleto. Ahora tengo que volver a empezar, aunque no sé todavía cómo, qué hacer con tantos retazos.
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