no sé cuántas veces pasará pero en este momento de verdad creo que a una de la cosas que hay que apostarle ahora que somos (y estamos) jóvenes es al amor.
hay que apostarle, jugarle, creerle. hay que botar los dados y entender que con cualquier cara vamos a ganar. que a los 23 más que pérdida todas son ganancias y que los sueños, las metas, los planes deben trazarse por lo que el corazón dicte.
hay que creer de verdad que ésta es la edad propicia para empezar proyectos cuya base sea el amor: hay que emprender viajes en compañia de alguien querido o hay que ir a buscarlo. a los 23, sinceramente, creo que se puede renunciar a lo que se tiene (que no creo que sea mucho) de forma individual para comenzar proyectos colectivos: pequeñas empresas, el viaje prometido, la relación ignorada...
al amor hay que volver siempre, por muchos tropiezos y cicatrices que queden. a fin de cuentas el amor no es culpable de nuestras torpezas y de nuestra incapacidad para ser inconsecuentes. a veces tendremos que matarlo, es claro, pero cada vez que vuelva a renacer, tendremos que lanzar los dados de nuevo y volver a creer.
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